Cosas que necesitas para sentir

Este fin de semana ha sido intenso, de esos que no paras de hablar de sexo. Sí, solo de hablar. Dos momentos me dejaron pensativa. El primero, por su crudeza: “Yenny, tengo el coño en carne viva”. Ante tal gravedad y sutileza del comentario la mandé al ginecólogo. El segundo, por su ternura: “Yenny, ya no deseo como antes a mi chico pero lo quiero mogollón. Se me está retirando el período y no lo llevo bien”. Me dieron ganas de abrazarla por lo desamparada que la vi. Pero no, mis muestras de cariño las suelo controlar y no quería confundirla más. Buscaba a la terapeuta.

Cosas que necesitas para sentir:

  1. Una de las formas más directas para aumentar tu deseo es estimular nuestro órgano sexual más importante: el cerebro.
  2. Muchas mujeres sienten culpa, vergüenza de fantasear. No las han enseñado a dejar que su imaginación sea libre. ¡Y la mía que se desparrama! Ahora estoy con escritor, pintor, realizador y cámara. Así soy yo: mente abierta y artista.
  3. No caigas en la rutina. El largo recorrido no apaga el erotismo, lo que lo anula es la monotonía, el “ahora toca”. Por muy bien que te vaya con tu técnica amatoria, renueva posturas, posiciones, intensidades, registros. Móntatelo en el ascensor, y lo digo en serio, al botón de parado funciona genial. Queda con la otra parte en un sitio totalmente nuevo, como si fuera un/a extrañ@, incluso caracterícense, no veas el morbo y juego que da. Pero sobre todo no dejes que “todo siga igual”. El cambio es lubricante.
  4. Cuídate. El estrés anula el deseo. El estrés agota física y emocionalmente. La sabiduría de los antiguos taoístas hablaba del equilibrio entre el dar y el recibir. Así que “recíbete”. Tómate tu tiempo. Elabora una lista de lo que alimenta tu deseo: leer, un masaje, baño caliente, caminar con las bolas chinas, ver porno mientras ordenas tu mente (a mí me funciona), hacerte fotos con ropa sensual, comer con las manos, bailar descalza… El taoísmo también nos enseña que la energía sexual puede incrementar nuestra energía principal.
  5. Tres veces al día pensar en verde. El deseo llama al deseo. Ponte la alarma en el móvil y cuando suene, donde estés, chispazo en verde: el momento cuando te pasó la lengua por el clítoris antes de mirarte desde abajo, o cuando pusiste tus manos en su miembro mientras hablaba por teléfono, o ese instante de pezones erectos llenos de su saliva… Haz tu archivo. Ya sabes, tres veces al día pensar en verde. El deseo llama al deseo.

Les tengo que dejar, acabo de recibir mensaje del pintor, quizás mis fantasías pasen a deseo y de deseo a realidad. Quizás… Con- Sex.

Relato erótico: sus ojos verdes

Escribo plácidamente en una terraza. Quito plácidamente. Sus ojos verdes golpean mi libido. Hoy me levanté sofocada, alterada. Necesitaba horizonte o letras. Opté por lo segundo. Se acerca y agradece mi vuelta a su rincón. “¿Lo de siempre?”. “Sí, con azúcar moreno”. Tiene espalda ancha y culo prieto. Empiezo a salivar. Tengo esa cualidad: mis papilas gustativas no solo se despiertan con alimento. ¿O sí? Alimento para el alma, le daba yo. Sonrío al ver mi estado de excitación. Camina hacia la mesa con el té y yo me centro en su triángulo pubiano. En segundos sentí su grosor en mi boca, suave y dulce. “¿Dos sobres de azúcar? “No, uno por favor”. “Le he traído agua a Greta” (mi perra). Ese gesto tierno hizo mella: “Empotrarte contra el mostrador de tarta, quiero”. Vuelvo en mí. “Gracias, estás en todo”. Gira y desaparece entre las mesas.

¿Es posible este deseo desbordante sin que se manifieste en el exterior? Sensaciones que debo poner en orden. ¿Qué me está pasando? No hay preámbulos. ¿Cómo se llamará? “Gritar su nombre en el vaivén de mi excitación. Sentir que forma parte de mi placer. Comprender mi mapa, el punto exacto, entrar por mis nalgas con sus manos y pararse en mis pliegues. Morder su boca”. Tiene labios carnosos, jugosos, de esos para encontrar mares.

Temo que me descubra. Sin darme cuenta mi mirada se ha clavado en su contorno. No es alto y eso me frena. Lo “querré” siempre en horizontal. Soy de buscar soluciones.

Instintivamente cruzo las piernas y ese movimiento me hace tomar conciencia de lo mojada que estoy. Me ruborizo. Él lo nota y se turba. “¿Qué ganas de librar para coger la piragua y perderme?”. “Qué momento Pocahontas” le suelto entre risas. “¿Eres gilipollas Yenny? ¿Qué chorrada acabas de decir?” Es por culpa de mi mente. Está en otro lugar. Sus manos acarician mis pechos, sin prisas, libres. – Libre te quiero, como arroyo que brinca, de peña en peña, pero no mía- Agustín García Calvo. “¿Te gusta el mar?”. “No puedo vivir sin horizonte azul”.  Ando finita, pienso. De repente abro mis piernas en busca de oxígeno. “Líbame, cariño mío. Que tu lengua se obsesione con mi orgasmo”. Cierro los ojos, acaricio su pelo en busca de mis gemidos. “¿Estás bien? “Perdona, cuando sale el sol pongo todos mis sentidos para disfrutarlo” .  “Se me hace tarde ¿cuánto es?

Camino sintiendo su mirada, esos ojos verdes que me han hecho fantasear.

Fantasías sexuales: “Conjunto de ideas e imágenes mentales de tipo erótico con las que una persona construye una historia que le lleva a la excitación sexual”.

Tengo tres esquinas que nadie me llena… Con- Sex.

Derribando mitos viriles o virales.

El otro día me vine arriba, volví a creer en el amor a primera vista. Apareció él en mi perfil de twitter, “pollón 69” jajaja Bromas aparte, me quedé asombrada por las respuestas que suscitó dicho comentario en mis redes sociales. ¿Todavía queda tanto por hacer en el imaginario masculino? ¡Cuánta envidia a un formato grande, ande o no ande! Hoy vamos a derribar mitos viriles o virales.

  1. “Unos genitales demasiado grandes o demasiado pequeños pueden dificultar una relación sexual o impedir el acoplamiento”. Con tal afirmación no sé por dónde empezar. Primero, relación sexual no se reduce a coito. Segundo, la vagina de la mujer se adapta perfectamente si está “trabajada” (llámese deseada, excitada y lubricada). Y tercero, para “el grande”, hay formas de empujar, y para “el pequeño” formas de jugar (un micro pene, 7 cm en erección).
  2. “La erección es señal de buena salud”. Ole y ole con un par. Dejando a un lado enfermedades como cardiopatías, diabetes, tensión… hemos de saber que nuestro sexo se adapta a nuestra línea vital. Me explico. No es lo mismo una erección ventiañera que a los cincuenta. El pene es cuerpo cavernoso y esponjoso que se llena de sangre. Y a más edad más dificultad en la circulación. Dato que no nos debe asustar sino aceptar. La sexualidad debe ser liberadora. Así que si la rigidez es de vaivén, respira y echa su aliento entre las piernas. Respira y haz que tus manos encuentren gestos cómplices. Respira y lubrica con tu boca entrando en su mente.
  3. Consulta vía facebook: “Hola Yenny. Me siento fatal y por eso te escribo. Antes podía follar hasta cuatro veces al día y ahora me paso días sin ganas. Y es que follar por follar ya no me apetece. También creo que me influyó mi último rollo me dijo que la tenía gorda”. Erotismo proviene de Eros, dios del amor. Esa faceta que diferencia al ser humano del animal, de entregarse al placer con mente y cuerpo, dejando a un lado el fin exclusivamente reproductivo o de desahogo libidinoso (aclaración: no descarto sexo por sexo con matices de colores). Y, por otra parte, nada más erótico que el pene deseado. Eso es así.
  4. Para finalizar, anécdota personal: yo descubrí mi punto G gracias a un pene. Dicho así parece que fue fruto de un estudio. Me refiero que en las artes amatorias cuenta más el deseo de conocer que el tamaño del “investigador”.

Ese deseo que te desgarra

Esa primera gota que te calma

Ese calor entrando en tus entrañas

Esa mirada que no calla… Con-Sex.

 

Orgasmos y maneras.

Un orgasmo es como una relación: no hay dos iguales. Existen tantas maneras de llegar al orgasmo como formas de andar. ¡Qué tontería de comparación! Pero es que últimamente ando investigando esta fórmula: dar pasos igual a como te mueves en la cama. Me explico. El orgasmo ha de venirte de forma natural, como el caminar… Movimiento…

Hoy voy a tratar sobre los orgasmos y sus variedades a través de las experiencias contadas en talleres, charlas y consulta. ¿Te identificas con alguna?

  1. “Llego al orgasmo de manera fácil, solo tienen que hacer presión en el clítoris de forma continuada. Soy totalmente clitoriana”.

La forma más sencilla de llegar a un orgasmo es con la estimulación del clítoris. Es el órgano con más terminaciones nerviosas (unas ocho mil, el doble que el pene 😉 ) y solo destinado al placer. Por lo tanto es muy común el caso anterior.

  1. “Yo muchas veces llegué a preguntarme si tenía orgasmos. Sentía gusto pero no era la explosión de la que me hablaban. Ahora cuando vives el primero lo sabes, no se confunde”.

No es de extrañar que la comparativa entre juego: siento una ola de fuego que me invade, es algo tan intenso que me confundo con el cosmos, me falta el aire y levito… Frente a esto uno piensa: “pues el mío no es para tanto”. El caso es que si nos has sentido contracciones, una sensación de plenitud, de descarga, de “uff que bien me he quedado”, quizás debas revisar tu capacidad orgásmica.

  1. “En mí se dan dos tipos de orgasmo. Y no me refiero a lo que viene en los libros: clitorial y vaginal. Me refiero a los orgasmos técnicos y los orgasmos sentidos. Los primeros son en plan descargas, cortitos, pero que te dejan bien. Los segundos son de un placer más prolongado, suelen ser con pareja, después de mucho juego. Hay una complicidad. Es tan intenso que luego no deseo que me toquen”.

Creo conveniente tratar el mal llamado orgasmo vaginal (tema que he tratado en varios post). Lo que vemos del clítoris es la punta del iceberg ya que posee un bulbo y raíces que se introduce en la vagina. Por ello muchas mujeres “siente orgasmos vaginales” debido a la estimulación de la raíz del clítoris. Sencillo.

  1. “Es fundamental y necesario que me toquen el ano. Comprobé que me pongo a mil cuando lo estimulan ya sea con los dedos, vibrador o lengua”.

Es un tema muy común y de cierto reparo al comentar, por lo mal considerado que está la vía anal. Y nada más lejos, la zona final de la columna, ese punto nada oscuro, posee mucha sensibilidad. Si eres de l@s afortunad@s derriba pudores y disfruta.

  1. “Eyaculo al venirme. No siempre, tengo que estar muy excitada y que me toquen el punto G. Al principio lo pasaba fatal pero ya aviso y lo llevo mejor”.

La eyaculación femenina se denomina squirt. Las responsables son las glándulas de Skene, que se sitúan en la pared anterior de la vagina, alrededor del orificio externo de la uretra (muy cerca del punto G). El líquido expulsado por la uretra es una mezcla de glucosa, fructosa y fosfata ácida prostática. Es incoloro, inodoro y no mancha. Aviso: no hay que obsesionarse ni cuando sale, ni cuando no sale. No cambia tu placer por ello.

  1. “El orgasmo lo descubrí haciendo abdominales. Era jovencita y llevaba como 30 repeticiones cuando empecé a notar un hormigueo que fue creciendo hasta que llegaron las contracciones en toda la zona inferior”.

Tener un orgasmo mientras haces ejercicios se llama coregasm. Al hacer deporte se produce endorfinas y dopaminas (necesarias para un orgasmo) esto sumado a la tensión de abdomen y piernas da una estimulación indirecta del clítoris ¿A qué ahora ves los abdominales de otra manera?

  1. “Soy multiorgásmica. Puedo llegar a tener de 3 a 6, pero siempre en la misma postura. Yo encima con penetración y acariciándome el clítoris. Al principio empiezo casi sentada para luego quedarme acostada sobre él frotando pubis con pubis”.

El santo grial, lo deseado, lo perseguido, ser multiorgasmic@. A veces me desespera ese concepto competitivo en la sexualidad. Si es de forma natural, genial. Muchas mujeres tienen esa capacidad porque permiten la estimulación después del primero, otras a pesar de tener toda la zona irrigada de sangre, que facilita la consecución de un segundo, solo desean relajarse (mirar caso 3). Haz lo que te pida el cuerpo y no te obsesiones.

  1. “Pierdo mucha la concentración y me cuesta el orgasmo. Solo llego con oral porque cierro los ojos y me relajo. A veces, creen que me duermo y todo. Ni hago ruido al respirar por miedo a que cambie el ritmo”.

Esa necesidad de centrarse en “tu punto” puede llegar a crear “angustia de anticipación”. Si no te acarrea problemas a ti y a tu pareja, adelante. Si observas que no te relajas, que estás muy pendiente, que los ruidos te condicionan… es aconsejable moldear tus formas “de llegar”. Comienza por practicar diferentes tipos de autoestimulación combinado con su lengua. No lo dejes todo a una lamida externa.

  1. “A mí que me toque el clítoris me desagrada. Me pongo tensa. Será que es muy sensible. Así que solo permito roces por encima de la ropa interior. Llego por medio de la penetración. Suena raro, lo sé”.

He dejado este caso al final para dejar constancia de que en la sexualidad no hay nada escrito. Que no existe la palabra normal o rara. Las zonas erógenas están para modificarlas. Cada uno construye su sentir solo con la base del respeto y punto.

Hasta aquí el post de hoy. Mis manos se mueven rápidamente por las teclas. Manos ágiles, rápidas, manos que piensan en orgasmos… Cada orgasmo tiene sabor propio. A la espera de nuevas texturas. Con-Sex.

No se elige, se vive: la transexualidad.

Tenía una deuda, y las deudas se pagan. Hace un año hice unas jornadas sobre transexualidad y quería escribir sobre ello. Dos hechos me han llevado a sentarme: un encuentro con l@s que intervinieron en dichas jornadas y la indignante guagua con su mensaje transfóbico.

Este va a ser un post de aclarar, de poner las cosas en su sitio. No es un post de opinión. Es ciencia y ley. Es evolución y progreso. Sencillo.

¿Cuál es la diferencia entre sexo y género?

El sexo de una persona es lo que al nacer nos imponen según una condición biológica establecida, hombre o mujer, y se asocia principalmente por cuestiones físicas como cromosomas, hormonas, anatomía interna y externa.

El género se refiere a roles construidos socialmente, comportamientos y acciones que una sociedad considera de niños y hombres, o niñas y mujeres. Si, la sociedad nuestra es muy binaria.

Así tenemos que la identidad de género hace referencia al género (hombre, mujer, trans, inter, etc.) con el que una persona se siente identificada y que el género no viene determinado por los genitales o cromosomas que dicha persona tenga. El género está en la mente de cada persona.

La orientación sexual es quien te pone, vamos, por quien te sientes atraído. Hermoso pantone (heterosexual, homosexual, bisexual, asexual…)

No quiero avanzar sin hacer una aclaración: La transexualidad no es una moda, siempre ha existido, pero se ocultaba, estaba prohibida, provocando mucho sufrimiento y vidas rotas.

¿A qué edad puede “descubrir” un/a niñ@ que es transexual?

La identidad surge a la vez que l@s niñ@s empiezan a hablar, que comienzan a entender y nombrar el mundo. Ya a los dos años, l@s niñ@s son capaces de identificar su género y clasificar con cierta precisión a las personas conforme a su sexo. A los seis años, yo diría que antes, incorporan matices y aspectos relativos a los roles. Es decir, incorporan a su repertorio estereotipos sexuales (las niñas son princesas y hacen las tareas del hogar- divino reparto con corona; los niños son campeones, no lloran y las emociones, solo por un balón – divino reparto con botas de taco).

Así se puede afirmar, que entre dos y seis años, un/a niñ@ tiene muy claro cuál es su identidad de género. El conflicto surge cuando el/la pequeñ@ no siente el género que posee físicamente y se identifica más con el sexo opuesto. Señales que lo manifiestan: se sienten, viven, respiran con la identidad sexual deseada, ya sea por medio de juegos, de vestimentas, artículos (soy “la” “el”…) elección de amistades… Debemos ser conscientes de que la felicidad del niñ@ trans depende de aceptar una realidad. Es un error pensar que la transexualidad de los menores es dudosa, variable, reversible. Es tan auténtica y estable como la de l@s menores a quienes sí se ha asignado al nacer un sexo coincidente con su “genitalidad”.

Más aclaraciones: Ellos no transitan (paso que se da hasta llegar a su verdadera identidad). Transita la sociedad, la familia, el entorno. Los niñ@s trans saben perfectamente quiénes son.

Desterrar todo atisbo de concepción patologizante de la transexualidad

Una gran parte del sufrimiento causado a las personas transgénero ha venido causado por la “patologización” de la transexualidad. Debemos recalcar que «Ser transexual no es una enfermedad —afirma la psicóloga Laura Aut—. No nos llevemos a errores, no necesitan diagnóstico, no necesitan “confirmación” externa a través de valoración psicológica para iniciar un proceso. El proceso como tal no existe, ya nació con las ideas claras. Solo necesitan tiempo para poderlo expresar (lenguaje, actitudes…).

Y termino con unas palabras muy acertadas de Carla Antonelli: “¿Tolerancia, dices? No. Yo no quiero que me toleren. Yo quiero que me respeten. Tolerar es permitir y no necesitamos el permiso de nadie”.

No permitas que tu mente se cierre. En la diversidad está el crecimiento. Donde hay respeto hay avance. Sencillo. Con-Sex.