Dar de alta por navidad: la sexualidad es compleja.

En las navidades se traga mucho, y no me refiero a comer, sino a personajes que comparten cenas y comentarios que se te atragantan cual polvorón pegado al paladar. Visualicen: “mira Yenny, yo no sé si eso de sexóloga tiene sentido, porque yo por ejemplo, el problema de la impotencia lo quito en un momento, le cambio la mujer y asunto resuelto”. Termina con una carcajada como aplauso de su brillante ocurrencia. Polvorón atragantado. Peladilla incomible.

Sigamos con las gracias navideñas. Sexóloga youtuber con una coleta ladeada adornada con lazo rojo cual bola de navidad, nos explica con un intento de seriedad no lograda, que el/la sexólog@ solo trata casos clínicos, llámese eyaculación precoz, disfunción eréctil, anorgasmia… Y no, la sexualidad es un entramado complejo donde se unen factores educacionales, autoestima, experiencias vividas, valores… No se trata de que el pene no se levante y vamos a hacer ejercicios, o no llegas al orgasmo y tóquese usted el clítoris. La sexualidad, pese a quien le pese, es emoción en piel, y por ello no es fácil tratar cuando algo va mal.

“¿De verdad que estoy dado de alta? ¡Qué alegría más grande! Nunca pensé que pudiera superar este bloqueo, en serio Yenny”

Paciente de 37 años que cursa una disfunción eréctil (impotencia). Después de tener dos intentos fallidos, entra en un círculo vicioso, lo que se denomina “la angustia de anticipación”, y lleva un año sin vida sexual plena en pareja. Descartado toda posible interferencia fisiológicas: medicación, diabetes, tensión alta, problemas cardiovasculares, alcohol… Empezamos tratamiento enfocado a bajar sus niveles de autocontrol en todos los aspectos de su vida (cada persona tiene su historia clínica). Ejercicios de autoestimulación sin objetivo alguno, solo dejándose llevar por sus fantasías. Superadas estas fases, iniciamos focalización sensorial, técnica que consiste en acariciar a la pareja con la intencionalidad del disfrute, eliminando el coito como acción. Seguimos sesiones hasta cumplimentar lo que él consideraba una sexualidad satisfactoria, tener una erección sin sentimientos de angustia previos. En realidad, aprendió a gozar en todas las fases de la vida sin planear tanto.

No paraba de gritar y llorar, fue como si se rompiera el muro de una presa y saliera todo afuera. ¡Vaya orgasmo! Y no podía dejar de pensar en ti jejeje” Es lo que tiene ser sexóloga, sin querer te metes en la vida de otr@s.

Paciente, mujer de 52 años, anorgasmia secundaria situacional. Después de 30 años casada y divorcio conflictivo, con su nueva pareja es incapaz de sentir.

Descartamos: traumatismo ginecológicos, medicación, enfermedades vasculares, diabetes, depresión… Comenzamos sesiones con ejercicios de autoestima, ya que la tenía muy mermada por la separación y proceso de menopausia (cada persona tiene su historia clínica). Todo acompañado de una bibliografía escogida para superar una educación sesgada. Lo siguiente fue centrarse en una autoestimulación, no de descarga, sino de autocontemplación. Mirar su placer a la cara sin miedos ni sentimientos de culpa. Para finalizar, la pareja se cogió un fin de semana para ellos solos. Hablaron, pasearon y sus manos tuvieron el tiempo necesario para no tener prisas. Y se rompió el dique. Dada de alta por navidad.

Veo llover. Empieza el frío y pienso en lo complejo de la sexualidad. No se trata de superar líneas sino de llenarlas dándoles forma, tu forma. Con-Sex.

Ser sexóloga no conlleva el estado de tus huevos… Lo que sí y lo que no.

Un calor impresionante, descanso de un congreso, comíamos un grupo de lo más variopinto, al que se le unió el de otras jornadas. Y en un sin esperármelo me suelta con los ojos fuera de encuadre: ¡ERES SEXÓLOGA! Genial, porque ¿sabes? cuando yo me corro me siguen doliendo los huevos ¿y por qué es eso? Tragué saliva y evité una contesta pronta, tipo: quizás sea la materia gris que te falta en el cerebro. Pero no, soy educada por formación y profesión. Y le contesté, con voz suave, casi susurrándole para darle misterio, quizás tengas una mal formación testicular, que te lo mire el urólogo. Educada siempre, mala leche, a veces.

Con esto no quiero poner barreras. Por favor, pregunten, pregúntenme mucho como si fuera la última vez. Siempre he sido curiosa y me apasiona mi trabajo. Quizás, esperar el momento oportuno acompañado de buenas maneras. Eso que llaman “sentido común”. Prosigo.

Una chica salió en mi defensa: no creo que ser sexóloga conlleve estar disponible para todas las dudas que surjan. Por cierto, continua su disertación: debe ser horroroso estar todo el día pensando en el sexo, terminarás harta. No voy a sacar la choteada comparación con el ginecólogo. Mira, ya la saqué. Una cosa es trabajar y otra la samba. Se diferencia perfectamente la vida en consulta de otras actividades 😉 Prosigo.

Pues a mí eso de que una mujer tan atractiva como tú escuche mi vida sexual me pondría cachondo. Las personas que acuden a terapia acusan trastornos, disfunciones, malestar. Son situaciones muy duras donde no caben las fantasías mientras hago la historia clínica. Eso también va acompañado de mi papel. Jamás hay atisbo de flirteo con pacientes. Ni antes, ni durante, ni después, aunque pasen años. He recibido de esa persona información por una vía que me impide verla con ojos de deseo. Hablamos de ética.

Sexólogo: Especialista en sexología (Real Academia Española).

La palabra sexología no está registrada en la Real Academia Española (no se podía esperar otra cosa). Prosigo.

“Sexología: disciplina científica y humanística que estudia los problemas relativos al sexo y la sexualidad en sus dimensiones bio-psico-sociales y culturales, en sus aspectos normales, disfuncionales y patológicos” Prosigo.

Tomando el café, y ya corriendo ligera brisa, les digo a los comensales, ha sido todo un placer compartir mesa con ustedes, y sin más me despido afirmando: no duden en acudir a un sexólogx si observan, perciben, viven una sexualidad disconforme. Una sexualidad plena mejora tu calidad de vida. Es ciencia. Termino. Con-Sex