La pereza del calor lleva al sexo pasivo

No sé si es el calor, la pereza que arrastro últimamente o la escasez de gente interesante, que si tengo que practicar sexo no saldría de la postura del misionero. Cosa rara en mí. Hasta mi quiromasajista dice que soy difícil porque todo lo miro y pregunto. ¿Y ahora que me vas a hacer? ¿Para qué es ese palo? Sí, tiene un palo que al pasármelo por la planta del pie siento de todo menos placer. Así que tumbada y con falta de ganas, quiero ser práctica y eficaz. No hay nada peor que la torpeza de lo inútil. Hoy vamos a trabajar una técnica utilizada para avivar el deseo, entre una de sus múltiples funciones, la focalización sensorial de Master y Johnson.

Focalización sensorial: técnica cuya finalidad es que ambos miembros de la pareja identifiquen y tomen conciencia de sus propias sensaciones corporales.

Me tumbo boca arriba, suele empezar “decúbito prono”, pero es mi ejercicio y quiero notar tu respiración cerca de mí, olfatear, olerte. No creo en la feromonas, creo en la cercanía y en el sudor del sexo. Tus manos se centran en mi frente, liberas tensión, respiro profundamente, me dejo hacer, quiero o no tengo fuerza para pensar, para resistirme. Bajas al cuello, no me gusta esa zona y lo notas por mi desagradable mueca, me relajas pasando los dedos por mis labios, aunque está prohibido que me manifieste, no puedo evitar sacar mi lengua y lamer tu dedo. Ha sido solo unos segundos, lo suficiente para tus primeras gotas, y no deberías estar excitado. Tendances de la mode No soy quien para marcar tu ritmo. Estoy cansada, me dejo hacer. No quiero pensar. Pasas a mis hombros, están contraídos pero no sabes qué hacer con ellos, noto tu torpeza y ganas de cambio. Unes tus manos, que al ser tan grandes, al bajar ocupan mis pechos. No puedo evitar ser instintiva y me arqueo. No quiero pero debo controlar. Es un ejercicio para sentir despacio, sin urgencias. Vuelvo a mi posición inicial, con resignación, pego la espalda, respiro profunda y largamente, lleno mis pulmones intentando que el aire me calme. Tendances hommes Tus dedos rozan mis aureolas, lo hacen a la par, con las dos manos a la vez. Siempre me ha maravillado esa gente que puede hacer movimientos sincronizados simétricos. Bolsos de moda Tengo que mojar mis labios, bebería algo pero no es cuestión de parar en este momento. Notas mi gran excitación y has decidido hacerme sufrir. Yo me dejo. No quiero pensar, estoy cansada. Bajas a mi estómago en un movimiento tan amplio que abarcas mis curvas, te paras en ellas. Noto como las miras, no, como las admiras. Tu respiración cambia pero eres buen chico y entendiste la explicación del ejercicio. Te llega el olor del fluido con sabor a mí. Bajas a mis muslos, acaricias arriba y abajo, son largos, te detienes, no hay peligro ¿o sí? Porque abro las piernas invitándote a males mayores. Quiero perderme en tus manos, no pensar. Rompes las reglas y dejas las manos a un lado, las únicas que tenían permiso y me besas las rodillas, besos suaves, lentos, húmedos… He decidido darme la vuelta, has roto las normas y te doy la espalda como castigo, dejando mis nalgas a la altura de tu cara. Puedo notar tu sonrisa, esa que pones al verme los dos hoyuelos que marcan el final de mi columna y el inicio de tu perdición.

Y mi vagina habló….

Sentada en el McDonald de la Gran Vía. Helado y sonrisa. Me gusta que mis lectores capten la situación. Será porque soy muy visual. Es lo primero que me dijo el masajista erótico cuando tuvimos nuestra primera entrevista. Así es, si contratas los servicios de un buen profesional, hay una reunión previa para analizar la situación. Hoy vamos a hablar de masajes eróticos.
Todo comenzó por una amiga. Aquí el boca a boca funciona. A mí me ha ido genial, me dijo. A través de tu cuerpo es capaz de analizar tus bloqueos, tu energía sexual. Te ayudará a canalizarla. Todo eso me sonó muy bien. La cuestión es que yo estaba muy a gusto con mi sexualidad, mejor dicho, con mi forma de practicar sexo. Pero como a  mí la curiosidad me puede, y más en estos temas, me vi sacando billete a Madrid, apuntándome en un taller y llamando al chico para concertar cita.
Y llegó el día. Calle Clavel, 38 grados, 6 de la tarde. Al ser pelirroja no tuvo problemas de localización. Nos sentamos y amaretto en mano empezamos a charlar. Quizás no es exacto. ÉL empezó a hablarme sobre su trabajo y en qué consistía: sanador de energías, descubrir los bloqueos…Mi mente: menos mal que está bueno…sus manos son cuidadas… las mueve mucho…Aterricé cuando me preguntó ¿Por qué acudes a mí? ¿Qué problemas tienes? Y yo, tan directa, como siempre: ninguno, solo deseo saber en qué consiste un masaje erótico (he fantaseado con Richard Gere en Gigoló toda mi vida).Como buen profesional ya había captado mi problema: rigidez, pragmatismo y bloqueo emocional. Por supuesto, no me lo dijo porque se jugaba la sesión. Anda ya, que le iba a pagar si hubiese sabido lo que me esperaba.
Segundo encuentro. Llegó con su camilla al hotel. Ropa cómoda pero con estilo. Buena impresión. Soy visual, ¿recuerdan? Me desnudo y me pongo boca abajo. Música de fondo y empieza. Como ustedes se pueden imaginar no es un fisioterapeuta, vamos, que no se para en tus contracturas. Yo intentaba concentrame pero claro, es difícil  para una mujer tan activa como yo. Me puse a pensar que al día siguiente iría al Retiro, los regalos que compraría a mis hijos…Y él me susurra: déjame entrar. No sean mal pensad@s. Se refería en mí. Que me dejara hacer. Un inciso: no vean porno de masaje erótico. Nada que ver. No lo puedes tocar, ni indicar que te haga esto o lo otro. Volví a tierra. Fui consciente de la situación: estás pagando, disfruta. Lo intenté. Hasta que puso la mano en mi corazón mientras tocaba mi punto G y empecé a llorar. Llanto inconsciente que no podía controlar. Pasó sus manos a mi pubis, luego a mi estómago, muy despacio. Me miró a los ojos: eres la mujer más genital que he conocido, tienes una energía sexual enorme pero centrada en el placer. Te has creado una coraza que te funciona. Y ¿Cómo sabes todo eso? Le espeté.” Porque tu coño no para de hablarme”, citó textualmente.  Joder, eso me alegró. Tonta de mí, después de todo lo que me soltó, me animó que mi vagina también tenga capacidad comunicadora. Así que mi vagina le dijo que era incapaz de sentir si no veía, que era incapaz de sentir si no me hablaban, que era incapaz de dejarse llevar. Mi vagina no tiene sentimientos. Se fue, no sin antes reconfortarme y dejarme más calmada.
Tercer encuentro. Objetivo: desbloquear mi energía tan yang, ser capaz de disfrutar sin la vista, sin el oído. En definitiva, cambiar mis patrones sexuales. Y todo fluyó. Ya sea porque me dejé hacer, porque era consciente de que necesitaba  ayuda o sencillamente porque era bueno. Sus manos se movían con maestría, iban de muslos a brazos, se paraba en costado, volvía a rodillas, al cuello…jamás había sentido tanto placer distribuido por todo mi cuerpo, a la vez que serenidad….lo que siguió queda en el ámbito de mi vida privada.
Conectó el triángulo: genitales, corazón y mente. Ahora me conozco un poco más. Ya sé manejar mi energía. Otro pequeño detalle que descubrí: puedo tirar pelotas de ping-pong ya que tengo una fuerza prodigiosa en mi vagina parlanchina. Y nunca se sabe, con esto de la crisis, lo que puedes ofrecer en la oficina del Paro.

PD: Pon un masaje erótico en tu vida. Con-Sex