Se puede querer una vez y por horas.

¿Se puede querer una vez y por horas? ¿Se puede desear sabiendo que habrá olvido? ¿Qué no existirá una segunda vez? Y tampoco lo buscas. 48  horas da para mucho si hablamos de sexo ¿o no?

 ¿Qué tipo de sexo quieres tener? Me preguntó una amiga antes de dejarme en el aeropuerto. “De calidad, como siempre”, contesté. Cuando elijo a la persona, sé que existirá complicidad. Voy sobre seguro.

No tenía ni un pelo en su cuerpo, eso captó mi atención. No es que estuviese depilado, era por su raza. Salió del agua rápido y  vino a mi lado a entrar en calor. Sonrisa pícara, ojos tristes. Me gustan los contrastes. Lo evidente me da pereza. Sus labios me cogieron por sorpresa. Y eso me atrapó más. No me gusta lo evidente. Da pereza. Ese beso no tocaba, rodeada de gente como estábamos. Un cielo azul me cegó, después de tanta intensidad. Vidas con sentido, personas de paso.

Se puede querer una vez y un solo día. Fue una invitación. Y me abrí a una Marbella preciosa en estas fechas. Postales con hermosos paisajes. Mis piernas rodeaban su suave espalda. Es extraño, no sentía su peso, era ligero, pero si su fuerza penetrando. Llevaba meses planificando mi humedad. Yo solo me muevo en instantes: sus labios y manos pegadas a mis pechos. A veces la vida es el calor que deja un rastro de saliva. Más y más besos. Besos que se expanden por todo el cuerpo. Besos sabios que no quiero que acaben. Se puede respirar en boca ajena. Sus manos ahora se perdían en mi pelo, sin dirigirme, solo sintiendo su textura, como intento de agarrarse a algo terrenal antes de estallar. Tanta sensibilidad es perjudicial en momentos de no retorno.

 48 horas dan para mucho si hablamos de sexo. Hombre decidido. Hombre resuelto. Delgado, pura fibra, de movimientos rápidos que intento domar. Despacio, siente como entra y sale. Dilata mis gemidos. El deseo se puede controlar. El sexo no. Yo no puedo. Al quinto mes sin piel me falta lucidez. Se para, observa y suelta: “me excita tu inteligencia”. Y en ese momento supe que estaba a punto de llegar. Le di la espalda y mi inteligencia le dictó donde tenía que perder su lengua. Bajó hasta encontrar mis pliegues, desde un ángulo no evidente. Hay tactos que funcionan como zoom orgásmico. No perder la cordura aunque mi espalda se arquee está siendo práctica habitual.

 Escribo frente al mar, siento sonrisa lubricada. Deseo satisfecho. Se  pierde la mirada en un cielo con nubes hilachadas. Hay amenaza de tormenta. Yo fui una conquista. Él, supervivencia. La amistad se construye por muchas vías. Me despido de Marbella. Me despido de su sexo. “El amor es lo único que crece cuando se reparte”. Antoine de Saint-Exupéry… Y si no crece, algo que te llevas. Con-Sex.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

YennyRivero