¿Respirar en el sexo? Súmale, ritmo y espacio.

Totalmente verídico. Sentada en el avión, a mi lado una mujer que no para de hiperventilar. Toca a la azafata y le pide ayuda. Ella “toda amable” con cara de “por favor me ha tocado”, le dice; respire señora, usted tome aire y suelte, se le pasará. ¡Y una mierda! Estaba sufriendo una crisis de pánico en fase terminal. O le enchufas un Valium 10 o nada que hacer. Pues lo mismo con los maravillosos orgasmos si respiras diafragmáticamente. A ver señores y señoras, pongamos orden en los conceptos, teorías y fluir.

Una cosa es que la respiración te ayude a bajar la ansiedad y otra bien distinta que la solucione. La ansiedad es fruto de un cuadro complejo. Debemos trabajar la raíz que lo fomenta.

Vayamos al sexo: “Intensificarás tus orgasmos si en el momento en que sientes que llegas, contraes los músculos de la pelvis, el ano y la vagina, al mismo tiempo que continuas concentrándote en la respiración”. Qué  quieren que les diga, se me vinieron a la mente mis clases de abdominales. Y no es mi intención frivolizar sobre el asunto, porque efectivamente la respiración puede mejorar tu encuentro sexual, siempre y cuando acompañe, nos haga sentir con más fuerza cada sensación. La clave está en respirar al compás con tu pareja. Compaginar el nivel de excitación. Y su aire tomó forma en mí.

Aire, ritmo y espacio.

Espacio de saber estar sin exigir. El placer egoísta de dar. El mejor de los placeres, viajar por un cuerpo sin destino.

Ritmo, lo más difícil de encontrar. Saber bombear la sangre en un cuerpo requiere el arte de la precisión de la escucha. Bien difícil es.

Aire, controlar conscientemente la respiración, lenta y profunda. Alargándola. Contener la fuerza para que al final “la marcha” sea magistral. ¡Oh mi Carmina Burana sexual!

¡Qué difícil encontrar el arte del aire, ritmo y espacio!

No hay normas, no hay reglas, no hay métodos. No todo funciona como sistema imperativo. En clínica no hay dos historias iguales. Permitir es la clave. Permitir curar las heridas.

Cogí su mano y sutilmente le susurré: “Estás jodida pero no te vas a morir de esta. Soy sexóloga y tengo un tumor en la cara, que creo me va a estallar como la teta de Ana Obregón, cuando despeguemos”. Empezó a reírse a carcajada y eso hizo que se olvidara de su respiración. Estimular el pensamiento hasta que estalles en un orgasmo. Esa es la cuestión. Con- Sex.489311_640px


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YennyRivero