Porque hay preguntas que sobran: hablamos de malos tratos

No hay pregunta que me indigne más que la siguiente: ¿cómo una mujer puede permitir malos tratos a día de hoy? Se los voy a contar y así respondo a uno de los ejercicios del master sobre Técnico en Violencia de Género que estoy haciendo.

Pregunta: Manifestaciones del maltrato psicológico.

Todo empieza de forma sutil, sin ser muy consciente de que esas muestras son símbolos de un carácter enfermo por el machismo, ni siquiera puedes llegar a imaginar lo que vendrá. Al principio son pequeños comentarios anulando tu persona (eso no te queda bien, esta comida es intragable, deja, yo lo hago más rápido, el niño se llama como yo diga…) para pasar al insulto sin dobleces (inútil, quien te va a querer a ti, normal que no te aguanten en el trabajo…) Primer objetivo conseguido: tu autoestima hundida.

Paralelamente se cuestionan tus lazos familiares y amistades: “Son personas que solo buscan sacar algo de ti”, “no necesitas de esa gente”, o “tus hijos son lo que deberías cuidar más”. Segundo objetivo conseguido: en tu soledad eres una mujer más fácil de manipular.

Y él cada vez con más control para hacer y moverse a su antojo: maneja educación de los hijos, el dinero, tus salidas y entradas, incluso lo que tienes que dormir y comer… Aunque a estas alturas sientes tal agotamiento, estás tan falta de energía que lo único que pides es sobrevivir día a día.

A veces, sucede un gesto amable, un detalle cariñoso y te revuelves, y te preguntas: ¿seré yo la culpable? Quizás un poco de razón tenga porque mira que sola estoy, algo habrá en mí para merecerme esto. Y ves una luz en la relación ante ese gesto “tierno”. Ahora es cuando todo está realmente perdido. Tercer objetivo conseguido: ha afectado a tu salud mental. Solo queda un golpe de suerte para tu salvación: unx amigx que te abra los ojos, unx médicx con buena praxis, un puñetazo reventando la puerta al lado de tu cara…

No tengo fuerzas ni para remangarme la camisa. Peso 38 kilos, el médico de urgencias mide la tensión, escucho su respiración, pausada, serena… Su mirada sube y se encuentra con la mía, ojos llenos de lágrimas, llanto silencioso, contenido…“O lo denuncia usted o hago yo el parte”. Salí de allí decidida. Se acabó… Llevo 17 años libre, jamás un hombre volverá a decidir mi vida.  Con-Sex


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

YennyRivero