No se elige, se vive: la transexualidad.

Tenía una deuda, y las deudas se pagan. Hace un año hice unas jornadas sobre transexualidad y quería escribir sobre ello. Dos hechos me han llevado a sentarme: un encuentro con l@s que intervinieron en dichas jornadas y la indignante guagua con su mensaje transfóbico.

Este va a ser un post de aclarar, de poner las cosas en su sitio. No es un post de opinión. Es ciencia y ley. Es evolución y progreso. Sencillo.

¿Cuál es la diferencia entre sexo y género?

El sexo de una persona es lo que al nacer nos imponen según una condición biológica establecida, hombre o mujer, y se asocia principalmente por cuestiones físicas como cromosomas, hormonas, anatomía interna y externa.

El género se refiere a roles construidos socialmente, comportamientos y acciones que una sociedad considera de niños y hombres, o niñas y mujeres. Si, la sociedad nuestra es muy binaria.

Así tenemos que la identidad de género hace referencia al género (hombre, mujer, trans, inter, etc.) con el que una persona se siente identificada y que el género no viene determinado por los genitales o cromosomas que dicha persona tenga. El género está en la mente de cada persona.

La orientación sexual es quien te pone, vamos, por quien te sientes atraído. Hermoso pantone (heterosexual, homosexual, bisexual, asexual…)

No quiero avanzar sin hacer una aclaración: La transexualidad no es una moda, siempre ha existido, pero se ocultaba, estaba prohibida, provocando mucho sufrimiento y vidas rotas.

¿A qué edad puede “descubrir” un/a niñ@ que es transexual?

La identidad surge a la vez que l@s niñ@s empiezan a hablar, que comienzan a entender y nombrar el mundo. Ya a los dos años, l@s niñ@s son capaces de identificar su género y clasificar con cierta precisión a las personas conforme a su sexo. A los seis años, yo diría que antes, incorporan matices y aspectos relativos a los roles. Es decir, incorporan a su repertorio estereotipos sexuales (las niñas son princesas y hacen las tareas del hogar- divino reparto con corona; los niños son campeones, no lloran y las emociones, solo por un balón – divino reparto con botas de taco).

Así se puede afirmar, que entre dos y seis años, un/a niñ@ tiene muy claro cuál es su identidad de género. El conflicto surge cuando el/la pequeñ@ no siente el género que posee físicamente y se identifica más con el sexo opuesto. Señales que lo manifiestan: se sienten, viven, respiran con la identidad sexual deseada, ya sea por medio de juegos, de vestimentas, artículos (soy “la” “el”…) elección de amistades… Debemos ser conscientes de que la felicidad del niñ@ trans depende de aceptar una realidad. Es un error pensar que la transexualidad de los menores es dudosa, variable, reversible. Es tan auténtica y estable como la de l@s menores a quienes sí se ha asignado al nacer un sexo coincidente con su “genitalidad”.

Más aclaraciones: Ellos no transitan (paso que se da hasta llegar a su verdadera identidad). Transita la sociedad, la familia, el entorno. Los niñ@s trans saben perfectamente quiénes son.

Desterrar todo atisbo de concepción patologizante de la transexualidad

Una gran parte del sufrimiento causado a las personas transgénero ha venido causado por la “patologización” de la transexualidad. Debemos recalcar que «Ser transexual no es una enfermedad —afirma la psicóloga Laura Aut—. No nos llevemos a errores, no necesitan diagnóstico, no necesitan “confirmación” externa a través de valoración psicológica para iniciar un proceso. El proceso como tal no existe, ya nació con las ideas claras. Solo necesitan tiempo para poderlo expresar (lenguaje, actitudes…).

Y termino con unas palabras muy acertadas de Carla Antonelli: “¿Tolerancia, dices? No. Yo no quiero que me toleren. Yo quiero que me respeten. Tolerar es permitir y no necesitamos el permiso de nadie”.

No permitas que tu mente se cierre. En la diversidad está el crecimiento. Donde hay respeto hay avance. Sencillo. Con-Sex.


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YennyRivero