Mirar y tocar… Va de genitales.

Si de algo soy consciente es de mis genitales. Sí, yo, crecida en represión educativa y teniendo al goce como el mayor pecado, sabía que lo de abajo era “rico”. Luego, en juventud, y gracias a mi primer novio “oficial”, dejé que mi cuerpo se expresara sin tapujos, llámese desde nudismos a todo lo imaginable entre dos personas. La sexualidad es algo natural en todas sus manifestaciones cuando hay respeto y consenso. Sin embargo sé perfectamente de la “rareza” de mi conducta, ya que en años como sexóloga, he comprobado el poco conocimiento, e incluso deseo, por nuestros genitales.

¿Cómo vamos a sentir placer si no amamos nuestro interior? Sí, interior… Porque nosotras las mujeres debemos bajar la cabeza y abrir las piernas para vernos esas zonas comúnmente eróticas: clítoris, labios mayores, uretra, entrada vaginal… Principales zonas, aclaro. Zonas erógenas: piel, que para eso es el mayor órgano de nuestro cuerpo.

Hoy vamos a hablar de cómo tocarnos: sensibilizar tus zonas erógenas.

Primero, antes de que empiece con el túmbate, luz tenue, ambiente relajado y blablablá… libera tu mente. Si vas a hacer el ejercicio “encorsetada” ni lo empieces. ¿Cómo liberar? No juzgues, no analices, no códigos morales, solo cierra los ojos y siente. Explora tu cuerpo con curiosidad, como un viaje nuevo, ilusiónate. Si no lo consigues a la primera, ya saldrá.

  1. Tumbada, posición relajada, respiración profunda, sin forzar. Inspira y espira lentamente por la nariz, las veces que necesites para sentir que vas aflojando.
  2. Acaricia tu cuello, baja a los brazos, primero uno luego el otro, sube por tu cintura, párate en el abdomen. No juzgues. Desliza tu mano suavemente. Quizás te apetezca con mayor fuerza, hazlo. Descubre tus bordes: cintura, cadera y abdomen.
  3. Sube a tus pechos. Mano grande, ocúpalo todo. Amasa o resbala la yema de tus dedos, tú decides. Sin prisas. Respira profundamente. Estás en zona de muchas inervaciones y por ello sensible. Si te sientes incómoda, solo mantén las manos sobre tus pechos y aire.
  4. Baja… Baja las manos y detente en los muslos. Sube tus nalgas, pon en movimiento la zona del triángulo: pubis, perineo y ano. Una, dos, tres veces, las que necesites para sentir la sangre concentrada ahí. Descansa. Inspira profundamente, espira lento. Sonríe.
  5. Abre tus piernas. Ahora son tus dedos los que van a explorar. Si deseas que tus dedos se deslicen puedes usar aceites o cremas apropiadas. Recuerda: es ejercicio de autoconocimento, no de autoestimulación, tú decides. Dedos en labios mayores, arriba y abajo. Pliegues. Labios menores. Juega con ellos. Percibe su suavidad. Sube al clítoris. Quizás esté hinchado, es natural. Está excitado. Tira hacia atrás, y arrastrarás del glande. Si es muy sensible, déjalo estar. Párate, siente la sangre, el calor de tu clítoris.
  6. Respiración lenta, quizás estés agitada. Acaricia muslo. Rodillas. Vuelve al pubis. Abre con los dedos los labios, introduce los dedos de la otra mano en la entrada vaginal. Calor. Intenta cerrar la vagina. Estás trabajando los músculos pubococcigeos. Inspira y concéntrate en la vagina. El tiempo que desees. Marca tus ritmos.
  7. Ya eres consciente de tus genitales. Lleva una mano al corazón y la otra haz que descanse en tu abdomen. Siente la respiración, visualiza toda tu piel.

No es momento de preguntas ¿O sí? ¿Cómoda? ¿Partes más tensas? Date tiempo. La sexualidad no va de balances… Descubrirte es cuestión de momentos. Búscalos. Con-Sex.

Obra de Schiele.

 


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

YennyRivero