La amarga dulzura del despertar. Relato erótico

Hay manos que dicen mucho en poco tiempo. Eso cuesta palparlo, asimilarlo, digerirlo. Hay manos que dicen poco en mucho tiempo. Esas deberían ir al olvido. Me dijo su nombre. No lo escuché. No importaba. Sus labios eran interpretativos, vividos. Exhibía sin reparo la decencia de lo prohibido. Nada tan puro como unas ganas bien hechas. No hay reserva cuando observas. Me gusta mirar. Decido conservar mi presencia intacta. Entrega total. Si hay que volver para ir más lejos, se hace. Hay manos que no están para tocar, sino para chupar antes de entrar… un dedo… dos dedos… dámelos otra vez… el olor de mí en ti. La palabra- sentencia, ese todavía- no. Horizontes de piel con olor a ingle. Reposar la cabeza y estirar mi lengua hasta la primera gota de tu alma. Tu miembro, esa dura prolongación de mi cuerpo. Quiero hundir la mente y extraer saliva para mis dedos cuando estén en soledad. Ausente de tiempo permanezco hasta que tu respiración agitada haya colmado mi boca de universo blanco. Sin dejarte resbalar en un sueño, te muestro en cuclillas tu lugar. Labios y audacia en mi sonrisa sin equívoco. Dos mundos de distancias entre mis jugos y tu boca. Realismo Oral. En el instante de mi orgasmo cogí aire y extendí mi cuerpo hasta acoplarnos. Sus grandes manos se agarraron a mis nalgas para marcar un ritmo que creía suyo. Destino: próximo clímax. Empujar con calma y tensión es un arte. Abro de par en par los ojos hasta orientar el deseo. Aliento al compás. Aliento sublime. La distancia más corta entre dos puntos es la línea recta. He tenido que recorrer vidas para acceder a partes de mi misma.

La amarga dulzura del despertar. Anoche te soñé.

“Te vi follar y fallar y no sé cuándo

me gustaste más:

si cuando te contemplé proclamándote diosa

o cuándo te observé confesándote humana.” Elvira Sastre.

Lo humano y lo divino del verbo. Con-Sex


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YennyRivero