Cuando estamos ciegos frente a la evidencia algo falla. Sobran los interrogantes.

Una semana esperando la sentencia del juicio de La Manada y dos días asqueada una vez leída: “se castiga a los miembros de la Manada por su participación en la agresión sexual colectiva de la noche del 7 de julio de 2016 a las penas de 9 años de prisión y 15 de alejamiento de la víctima y a la medida de seguridad post-penitenciaria de 5 años de libertad vigilada, como autores de un delito continuado de abuso sexual con prevalimiento” (arts. 181.3 y 4 y 74 del Código penal).

Tenemos condena ¿por qué se tiran a la calle? ¿Quieren más años? ¿Se ha perdido la confianza en la justica? ¿Qué tiene que ver el gobierno en el asunto? En definitiva, como dicen algunos ¿a qué tanta alarma social?

Intentaré explicarlo de forma clara para que lo entiendan los sectores más despistados, que no ignorantes (nótese la ironía como recurso de descarga).

  1. Salimos a la calle porque estamos indignadas con la sentencia: abuso por agresión. Indignadas de una justicia con tan poca sensibilidad de género. Con una justicia corporativista y estática. Considerar abuso por no existir intimidación es no ser consciente de lo que puede sentir una mujer que es arrinconada por 5 hombres en un cubículo, que la iban usando (11 penetraciones), la dejaron tirada después de grabarla, le robaron el móvil para que no pudiera llamar a sus seres más cercanos, y ya rematando, por si no han quedado claras sus intenciones, subieron el video mofándose de ella a la vez que chuleaban de su hazaña. Hubo intimidación.
  2. No queremos más años. Queremos que se revise el código penal en donde la palabra intimidación no requiera “resistencia física” para que el jurado lo tenga más fácil con “muestras palpables” (desgarro vaginal, marcas en la piel, ropa rota…). Queremos unos jueces formados en violencia de género para que no hagan las siguientes preguntas: “¿usted cerró suficiente las piernas?”, “¿manifestó su estado de shock?”. Coño, ESTÁ EN ESTADO DE SHOCK, paralizada por el terror con el único deseo de salvar su vida. No está para dialogar, imbécil.
  3. ¿Se ha perdido la confianza en la justicia? Sí, porque el mensaje que llega a las mujeres es que, si quieres ser creída, debes pasar por estos filtros: hora de lo sucedido, vestimenta, bebías, eran desconocidos, hubo consentimiento… Resumiendo: vas a tener que defender tu dignidad, tu integridad y tu credibilidad.
  4. Y, por último, se preguntarán qué tiene que ver el gobierno en el asunto. Qué se puede pedir de un gobierno con un Pacto de Estado parado sin ningún interés en subvencionar. Menos palabras, menos minutos de silencio en las puerta de las instituciones y más acción. No nos utilicen para captar votos, se nota.

Lo complejo: la educación, las políticas sociales en igualdad… Pero que se puede esperar de un gobierno que da partidas presupuestarias a colegios que segregan por sexo. Nada más que añadir su señoría.

¿Y ahora qué? Sentir… Sentir que no estamos solas, sentir que ya no nos taparán la boca, que toda la repulsa nos da fuerza para avanzar.

PD: ayer con el hashtag #cuéntalo todas las mujeres se unieron para contar sus experiencias de abusos o agresión, tristemente se hizo viral.

Yo: 17 años, caminaba de vuelta a casa, 9 de la noche, un hombre me tapó la boca y con un cuchillo en el cuello me dijo “si gritas te mato”, se bajó la bragueta y en unos segundos me desgarró la vida… Han pasado 37 años y aprendí a construirme otra vida. #YoSíTeCreo… Con-sex.

Ilustración: Selenepgr


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YennyRivero